dilluns, 6 de juliol de 2009

Crònica del Faraday

És gairebé impossible resumir impecablement, en 40-45 línies el contingut de 3 dies de música. M'haguès agradat explaiar-me més en el contingut però, sense pena ni glòria, aquest és el resultat de la crònica del Faraday. Disfrutin...



Cierren los ojos e imaginen un jardín enorme bajo las estrellas y el clima idóneo de una noche de julio, junto a la iluminación intermitente de la luz de un faro. De fondo, la música de sus artistas preferidos y la compañía de sus amistades más preciadas. Todo esto es el Faraday, y con vistas al mar, por supuesto.

El primer día abrieron, en el escenario grande, Le Pianc, transportando su pop con destellos funk, herencia de los bandas como The B’52. Para relevarles, Espaldamaceta tocó delante de una multitud poco numerosa que tomó asiento en la hierba del escenario ADN, mientras hacía tiempo para disfrutar de los Charades, que le siguieron, tocando canciones de su disco ‘En ningún lugar’. La primera actuación de la cuota extranjera fue a cargo de Ipso Facto, un trío de rock oscuro y post punk bastante convencional que, tras una actuación sin pena ni gloria, dejó paso a que Bèstia Ferida descargara ruidazo sin complejos, en un festival donde no encajaban demasiado. The Leisure Society devolvieron las cosas a su lugar en un concierto de pop luminoso y detalles folkloricos (ukelele, flautas, etc), debutando, por primera vez en España, y acompañados de la presencia de Gary Olsom en la parte final de su repertorio. En el mismo escenario y cuando ya había anochecido, Ramón Rodríguez subió al escenario, junto a sus habituales -Ricky Falkner, entre los más aplaudidos-. Destacar el avance de La Siesta, de su nuevo disco, y la versión de La Mano Izquierda de Nueva Vulcano. En el prime time, The Lucksmiths despidieron una carrera de 16 años de historia, y lo hicieron magistralmente. Su lección de jangle pop quedará grabada en la mente de todos los aquel día presentes como una auténtica clase magistral. El resto de la velada corrió a cargo de la cuota nacional. Half Foot Outside fueron precisos, Joe Crepúsculo infalible y, Biscuit retornaron al sonido clásico y demoledor del power-pop. Sin romper la dinámica estilística, los dj’s del OFC pusieron el punto y final a la noche, con algunos problemillas técnicos sin importancia. El día siguiente, los más madrugadores pudieron disfrutar de las actuaciones de Margarita y bRUNA.

Extraperlo
, también acompañados de Gary Olsom a la trompeta, en el último tema, fueron los que más hicieron bailar, a pesar de la temprana hora en la que los habían programado. Destilando temas de ‘Desayuno Continental y el novísimo ‘De sus Palmas Al Abismo’ demostraron ser la banda nacional con más buena forma del momento. Shugo Tokumaru, que a priori se presentaba como uno de los descubrimientos Faradaydianos más apetitosos, sorprendió con su pop caótico a la par que meticuloso, versión de video killed the radio star incluída. The Mummers demostraron ser herencia del legado Björk y, en esa línea interpretaron Sleepyhead de Passion Pit. Dorian, con una nueva incorporación, reinterpretaron, en acústico, su repertorio habitual e incluso se atrevieron con Leonard Cohen. Eran pasadas las once cuando el piano de cola del escenario principal fue ocupado por el gran Neil Hannon. Dirigiéndose en todo momento al público con una sorprendente proximidad y, en lengua catalana, el frontman de The Divine Comedy encarriló un entrañable repertorio de grandes éxitos, que llegó al clímax en Everybody Knows (except you) y en la versión de Cheek To Cheek, mientras bebía de su gin tonic. Manel son grandes. Lo demostraron siendo el único grupo del festival, junto a Hannon, que tocó bis. Pop costumista acompañado de ukelele, interpretado en su formato habitual –versiones de Pulp i de Els Pets, incluidas-. 1990s fueron el último gran concierto de la noche, junto a The Lions Constellation, de los cuales nos esperábamos unos cuelgues más prolongados y una presentación escénica más aparatosa, teniendo en cuenta que jugaban en casa. The Ruling Class fueron bastante normales. Sonido mediocre, aunque divertido. Nos despedimos del Festival con cara risueña. Los conciertos en la playa, que este año se estrenaban en domingo, nos hicieron disfrutar de los riffs desgarrados de Songstore y la calma, junto al ritmo pausado, de The Boat Beam. Mientras el sol caía, Gary Olsom destilaba los últimos acordes del festival. Los que estuvimos allí, alegres y melancólicos, deseábamos que eso no acabara. Ahora, solo queda mirar adelante y marcar, como ineludible, la fecha en el calendario para el Faraday 2010. Arnau Sabaté


(Per Mondo Sonoro)





gràcies a l'Edu i l'aleix per un parell de cables....

1 comentari:

Dua ha dit...

Eh Arnau, mola! tant l'article com el canvi de plantilla.
Un plaer compartir el festivalazo amb vosaltres, oh yeah.